top of page
Buscar

Llave oo4: Dieta de luz

  • hace 2 días
  • 5 min de lectura

Esta llave ha sido fundida con estos mágicos elementos: James Turrell con sus dark spaces 

y Mariana Alessandri con su libro: Visión nocturna.



James Turrell estudió psicología de la percepción y matemáticas antes de consolidarse como artista. Desde finales de los sesenta, comenzó a experimentar radicalmente con nuestra percepción de la luz.


De esas investigaciones surgirían sus Dark Spaces: habitaciones cuidadosamente construidas con cantidades pequeñas de luz, una experiencia perceptiva donde empieza a volverse difícil distinguir cuánto de lo que ves viene de afuera y cuánto está siendo construido por tus propios ojos y tu mente. Él utiliza una expresión maravillosa: “seeing yourself seeing”, algo así como verte a ti misma viendo.


En estos espacios, si entras en automático concluirías que no hay nada, pero si esperas, tus pupilas se dilatan. Los fotorreceptores se adaptan. Y entonces, comienzan a aparecer diferencias que unos minutos antes eran imperceptibles.

¿Cuánto iluminamos antes de darle tiempo a nuestros ojos?


Ahora que me rodeo de naturaleza me doy cuenta de que, cuando llega la noche y me quedo contemplando unos minutos, empiezo a ver la forma de las montañas. Y si me quedo un rato más, logro notar la diferencia entre las hojas de un árbol y otras. Es como si se lograra afinar lo que Mariana llama “Visión nocturna”.


Conocí la obra de Mariana Alessandri por la editorial Koan. Pues bueno, Mariana, escribió un librazo que me encanta llevar a mis catas de libros, se llama justo así: VISIÓN NOCTURNA, y nos lleva en un viaje filosófico por emociones de las que a nadie le gusta hablar: ira, tristeza, duelo, depresión y ansiedad.


“Nos atrae la gente que resplandece o que tiene una sonrisa radiante, nos han criado con una dieta a base de luz”.

Una dieta a base de luz, que maravilla, no había leído una expresión que por fin diera con el diagnóstico de por qué he estado tan indigestada últimamente.


Mariana escribe que es comprensible querer evitar la oscuridad, pero nos hacemos más daño persiguiendo solo la luz. Contrario a lo que nos enseñaron, no se trata de mantener todo el tiempo con nosotros una linterna arrojando luz sobre la oscuridad. Nos dice que aprender a ver en ella puede ser nuestro camino hacia una especie de conexión espiritual entre los seres humanos.

Te sugiero leer sus ensayos en su web: https://www.marianaalessandri.com/ensayos




La luz quedó asociada a lo honorable y la oscuridad quedó cargada con su contrario. No es que alguien un día nos haya dicho: “debes ser feliz”. Es que llevamos años consumiendo pequeñas porciones de los mismos ingredientes: 


Rodéate de personas que te den luz. Sé una persona vitamina.  Vibra alto. Todo pasa por algo.  Sé tu mejor versión.


Por separado, muchas pueden ser frases amorosas e incluso útiles. El tema es cuando nos acostumbramos a que la luz sea la dieta completa. Este imaginario que consumimos como “exitoso” nos enseña que debemos movernos hacia arriba, hacia adelante, hacia afuera, hacia la luz.

¿Y qué nos pasa cuando solo sabemos alimentarnos de luz?

Sentimos que estamos fallando en la manera correcta de estar en el mundo. Nos han dado tanta luz que empezamos a creer que estar bien iluminados es una obligación moral.


Cuando no estamos en la luz, sentimos que debemos alejarnos de los demás.


“No quiero que me vean así, cuando esté mejor vuelvo, no quiero preocuparlos”


Es curioso cómo, justo cuando podríamos necesitar más compañía, empezamos a sentirnos menos dignos de ella. No necesariamente porque los demás nos expulsen, sino porque hemos aprendido que para participar del mundo hay que llegar con cierto nivel mínimo de luminosidad.


Pero una dieta de pura luz también indigesta. Y entre sus efectos secundarios aparece la vergüenza.


La necesidad de decir que se está mejorando para no incomodar a los demás. Desaparecer un tiempo mientras todo se pone en orden. Cancelar un plan porque no estamos con el suficiente ánimo.


Poder ver en la oscuridad es una habilidad que requiere paciencia: no buscar inmediatamente una solución, no intervenir demasiado pronto. Estamos entrenados para encender la luz todo el tiempo, la nuestra y la de los demás.


Alguien nos cuenta algo doloroso y casi inmediatamente decimos:


“¿Pero ya hablaste con…?”

“Tranquila, todo va a salir bien.”

“Vas a ver que esto es para algo mejor.”


James, dentro de sus experimentos con la percepción de la luz, creó una obra llamada Hind Sight : una progresión hacia la oscuridad total. Entras por un pasillo agarrada a una barandilla, tu única orientación. La sigues hasta encontrar una silla que prácticamente tienes que tantear porque no ves dónde está. Te sientas. Hay espacio para dos personas. Y permanecen allí durante unos quince minutos.


Dos sillas, nadie tiene que iluminar al otro, solo estar ahí mientras los ojos hacen de las suyas.

¿Podemos acompañarnos en la oscuridad sin intentar sacarnos de ella?

Me pregunto cuántas veces, queriendo acompañar a alguien, he sacado la linterna antes de tiempo. Cuántas veces he dicho algo bonito no porque el otro lo necesitara, sino porque yo necesitaba que dejara de estar tan “oscuro”. No es que me guste confesarlo, pero ¿no somos así algunas veces? Aliviar a los demás para aliviarnos a nosotros mismos.


Cuando nos sentimos en la mierda, tal vez no necesitamos más luz. Tal vez se trate de quedarnos un poco más. Pero, ojo, ese tiempo tampoco asegura una recompensa.


Estamos tan acostumbrados a la dieta de luz que hasta de la oscuridad esperamos salir con algo entre las manos.


Estoy perdida… pero encontraré mi propósito.

Pasé por esto… pero me hizo más fuerte.


Todos esperamos la magia de la cueva en las películas: los personajes entran a una cueva. Apagan las linternas. Todo queda negro. Esperamos. Y entonces TA TAAAAAN aparecen hongos luminiscentes, luciérnagas, criaturas azules, algún universo secreto que justifica haber apagado la luz.



¿Pero qué pasa si apagamos las luces y no aparece nada? ¿Podemos quedarnos?


¿Podemos soportar unos minutos en los que la oscuridad no nos entrega ninguna recompensa?

Somos tan innovadores que nuestra creatividad está enfocada en que la dieta de luz se expanda por el mundo, hemos ido aumentando nuestra capacidad para no tener que estar a oscuras.


Fuego. Antorcha. Lámpara de grasa. Vela. Lámpara de aceite. Gas. Electricidad. Bombilla. Linterna. Alumbrado público. Pantallas.


Primero inventamos pequeñas luces para movernos dentro de la oscuridad. Después desarrollamos tecnologías capaces de hacer desaparecer la noche.


¿Cuándo trasladamos esa ambición tecnológica a nuestra vida emocional?

La próxima vez que no vea nada, pensaré en las obras de James y habitaré mi propio Dark Space.


Estaré dispuesta a quedarme unos minutos antes de buscar el interruptor. Y cuando sea otro el que esté a oscuras, intentaré no sacar mi linterna, sentarme a su lado y estar.

 

 
 
 

Comentarios


©2023 por La cerrajera

bottom of page